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¿Me amas? ¿Me conoces?

 

Libro de expertos

   

 

          Cuando dices que me amas y me conoces, ¿en realidad piensas que es así…?

          No amor, no me amas y tampoco me conoces… No sabes que los únicos días que desayuno son sábados y domingos, que sólo como huevo estrellado o tibio, que no tolero los huevos con jamón, tocino o a la mexicana y mucho menos el omelet, y que primero me como las claras para dejar al final las yemas y untarlas sobre un pedazo de pan. Tampoco sabes que prefiero el jugo de tomate al de naranja, o que al café le pongo dos hielos para que se enfríe.

          No sabes que cuando amanezco cruda me dan unas ganas impresionantes por comer dulce y por hacer el amor. Por sentirte a ti, o alguien a mi lado en la cama, tocándome por encima de la ropa hasta que la calentura de la noche anterior regresa a mi cuerpo dispuesta a tener una, dos, tres y hasta cuatro sesiones seguidas, o hasta que mi cuerpo está completamente seco por la satisfacción. Que el sentirte dentro de mí no sólo me produce placer, sino también llena el vacío de mi ser, de mi alma, de mi corazón.

          Tampoco sabes que mi posición favorita es cualquiera que te satisfaga a ti y que después de venirte necesito de tus dedos para poder alcanzar ese orgasmo extraordinario que sólo se consigue a través del clítoris y del cual muy pocos hombres y mujeres saben. Que la sonrisa que se dibuja en mis labios después de esa explosión monumental es el indicio de que quiero comenzar de nuevo desde cero, y hacerte sentir lo mismo que tú me has hecho sentir.

          Si me conocieras como dices sabrías que antes de que me desnudes y me tumbes en la cama, me encanta acurrucarme en tus brazos para que me toques y me acaricies, para que tus manos a través de la tela estimulen mi cuerpo, y mis piernas puedan estar más que húmedas al momento de recibirte. También sabrías que el acariciarme por la espalda y que bajes tus manos a mis nalgas me vuelve loca, así como el sentir tu cadera pegada a mis nalgas mientras me abrazas por detrás. O que mis pezones se ponen duros con sólo mirarte, y no porque tenga frío o esté destapada, es una reacción normal por la excitación que tu sola presencia provoca en mi ser; y que acariciarlos, besarlos y jugar con ellos por un largo rato pueden provocarme el mayor de los orgasmos.

          Sabrías también que el abrazarte y sentir tus brazos a mi alrededor no sólo me da cariño, sino también seguridad, abrigo, resguardo, confort, protección. Que cada vez que me recuesto en tu pecho después de hacer el amor, no son mis labios los que buscan besarte, sino mi alma que quiere tocar la tuya y sentirse amada aunque sea por unos instantes.

          Tampoco sabes que prefiero el té helado a cualquier agua de sabor, y por encima de ellas, el agua simple, siempre y cuando esté fría.

          Si no conoces estos detalles de mi, entonces no me conoces; lo único que sabes es que soy una mujer con mucha energía sexual que nunca te dice no, pero lo que hay detrás de la piel, detrás de ese cuerpo siempre dispuesto, detrás de la lívido siempre atenta, eso no lo conoces, no te interesa conocerlo.

          Mucho menos puedes decir que me amas, ¿cómo puedes amar a alguien que no conoces? Porque si me amaras, sabrías que todo lo que hago contigo y con otros, es para encontrar el amor.

 

  Déborah Tourné

 

 

 

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