Envolviendo sus sueños
Libro de Expertos
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Es
difícil ser lo que yo soy, uno nunca sabe con quien va a terminar en la
cama. Sintiendo todos esos cuerpos extraños encima de mis formas, pero
con ella es diferente, completamente diferente. El toque suave de sus
manos, la sensación de seda de su piel y la caricia delicada de sus
labios me hizo olvidarme de mi tarea y me hizo flotar como en un sueño.
La primera vez que ella me tocó… no la puedo
olvidar. Me enamoré de sus ojos, y ella de mis caricias. Fue como una
conexión mágica
sin importar que él estuviera presente. Yo entré en con él a la
lujosa suite, en un hotel al sur de la ciudad. Ella no me esperaba, de
hecho no tenía ni idea de que yo iba a presentarme en cualquier
momento.
Primero él le dio algunos regalos, algunos besos y ciertas
miradas insinuantes. Fue hasta que él pensó que
estaba lista para el gran, gran momento cuando abrió el armario
para sacarme y introducirme con ella. Todavía puedo ver su cara
sorprendida, la manera en que me miraba, e incluso con miedo de
acercarse. Pero él derritió su miedo con una tierna, dulce y tranquila
sonrisa: "¿No es lo que pedías en una de tus fantasías"?. Y
ella sólo asintió con un movimiento de cabeza.
Me
sentía extraña, nunca pensé que ella se iba a desconcertar de esa
manera, estaba sorprendida, sin movimiento, y él me hizo sentarme al
borde de la cama para que ella me mirara y pudiera recuperar su
respiración.
Él abrió algunas botellas de champán, e hizo un brindis por
esa noche especial y única que estábamos a punto de compartir. Ella sólo
sonrió, tomó un trago y sus ojos se posaron de nuevo sobre mi cuerpo aún
envuelto con una tela muy fina. Él estaba esperando que ella rompiera
el hielo, que se sentara, que hiciera algo para que todos nos sintiéramos más cómodos,
y entonces él comprendió que necesitaba dejarnos solos, quizá sin su
presencia ella empezaría a hablar o intentaría acercarse a mí, y no
se quedaría parada al otro lado de la habitación.
"Ok, me voy a bañar", y ella de nuevo sólo movió la
cabeza.
Él entró al baño, y finalmente ella se acercó a mí, todavía
asustada y en silencio, intentando tocarme por primera vez. También
pude darme cuenta que tenía curiosidad, sus manos eran cálidas,
suaves, delicadas, y con la primera caricia sobre de mi tersura ella
sonrió finalmente como un signo de aprobación. El primer toque, ese
primer contacto nos hizo sentirnos como uno; ella no podría creer lo
que mis dotes podían hacerle sentir.
Cuando ella me estaba reclinando sobre la cama king size, él
apareció detrás de ella, mirándonos y sonriendo, feliz, satisfecho:
finalmente ella había sucumbido a mi sensualidad. "Veo que te
gusta tu regalo", dijo cuando ella estaba extendiéndome por la
cama como queriendo que yo cubriera el colchón entero. Ella
detuvo su tarea y brincó al suelo. Estaba avergonzada, la había
atrapado haciendo algo que hubiera deseado hacer en privado, para después
devolverle la sorpresa. Él caminó hacia la cama y rodeó su cintura
"No seas tonta… es tu regalo, y yo sólo quiero que lo disfrutes,
quiero que los dos disfrutemos de este momento especial."
Finalmente escuché su voz, encantadora melodiosa y sexy "No quería
que me vieras… quería acostumbrarme un poco, y ya entonces meternos a
la cama con…" y él no le permitió terminar, la besó profunda y
largamente, un beso que yo esperaba sentir muy pronto. Se abrazaron en
un beso apasionado y frenético, sus manos recorrían sus espaldas, las
de él hacia abajo para acariciar sus nalgas, las de ella, por el frente
hacia abajo para llegar a su cinturón. Ahí me di cuenta que estábamos
a punto de cumplir con nuestra misión. Sólo de ver la manera en que se
besaban, la manera en que sus cuerpos estaban reaccionando a sus caricias,
a su deseo, a su amor, me hizo desear ser uno de ellos, ser parte de sus
cuerpos, ser parte de su ropa que estaba cayendo pieza por pieza.
Primero sus pantaletas, entonces su camisa, después el cinturón, después
los zapatos de ella, y con medio cuerpo todavía cubierto finalmente se
unieron a mi en la cama.
Él
la acariciaba, sus manos eran rápidas y tiernas al mismo tiempo, como
si estuviera hambriento de su piel, sediento de su deseo, ávido de sus
labios, ansioso de su sexo… Y ella simplemente estaba sonriendo, mirándolo
e intentando tocarme con una de sus manos; sus piernas ya estaban
en contacto profundo conmigo, frotando mi piel, permitiéndome
cubrirlas con mis caricias mientras él todavía estaba jugando con sus
senos. Sus manos aterrizaron encima de mí, y sus dedos empezaron
a jugar conmigo encendiendo mi pasión, encendiendo mi deseo por
sentirla completa sobre mí y deseando sentir, sobre mi cuerpo
aterciopelado, su piel desnuda de la cabeza a los dedos del pie.
Él
le quitó la blusa, y yo pude ver y sentir su espalda, su pecho y parte
de sus senos, pero tenía que esperar a que él se deleitara primero.
Mientras tanto, yo ya estaba envolviendo sus nalgas redondas y firmes,
intentando deslizar una parte de mi anatomía entre sus muslos que ya
empezaban a gotear del centro, logrando que yo me mojara tanto como ella
lo estaba, haciéndome sentir tan hambrienta como ella lo estaba, tan
caliente como ella lo estaba. Sus movimientos me encendieron cada vez más,
por un momento no supe si eran mis caricias y tacto lo que hizo que se
moviera de aquella manera, o si fue él, porque ella empezó a frotar
sus nalgas conmigo, empezó a se acurrucar su cuerpo contra el mío,
empezó a pellizcarme y frotarme más rápido y más duro con sus manos,
como si estuviera pidiéndome más besos, más fricción y más lujuria.
Ya
estábamos los tres desnudos, moviéndonos encima del colchón, las
caricias de él, la fricción de ella y mi tacto se mezclaron en uno
solo, yo podría sentir la fuerza de su masculinidad y su húmeda
femineidad contra mi cuerpo, ella podía sentir mi piel suave y su
cuerpo velludo encima del suyo, él podría sentir mi toque liso y su
piel sudorosa al lado de suyo. Tal como ellos lo habían querido, estábamos
los tres juntos, formando un solo deseo, un solo sueño, una sola fantasía.
Y la mía también se cumplió, siempre quise pertenecerle a una sola
persona, y esa noche descubrí que era ella. Le pertenecía, ya era de
su propiedad, era mi ama y no me importó que tuviera que compartirla
con otros, con tal de que siempre me llevara a la cama con ella, y me
permitiera ser parte de sus sueños, de sus aventuras, de su vida.
Él
la tomó por la espalda y acercó sus caderas a su pubis, por fin yo
tuve la oportunidad de acariciar sus senos, de sentir sus pezones duros
y delicioso sobre mí; ella se volvió loca, gemía, gritaba y lloraba,
inclinó su pecho para frotar sus senos sobre mi piel, para sentir cómo
yo podía acariciarlos, frotarlos, tocarlos mientras él estaba dentro
de ella, mientras sus rodillas estaban sobre mí también, mientras yo
estaba debajo de los dos. Entonces ella me mordió, sus labios me
tocaron finalmente, su lengua me recorría, pude sentir la calidez,
dulzura y suavidad de sus labios. De una manera salvaje sus manos me
apretaron, se afianzó a mi cuerpo, y sus labios tomaron una parte de
mis formas dentro de su boca.
La
noche fue maravillosa, ellos terminaron abrazados, y yo encima de ellos
cubriendo sus cuerpos desnudos y temblorosos, intentando darles
calor. Sus manos todavía me acariciaban, jamás se olvidaron de mí,
como cualquier otro lo hubiera hecho. Me di cuenta que realmente me
deseaban aquella noche, que disfrutaron de mi presencia y mi compañía,
así como yo los disfruté a los dos.
Ahora, él se ha ido. Regresó con su familia, y ella regresó a casa con su soledad. Sé esto porque un par de noches tuve la oportunidad de secar sus lágrimas, de tragarlas y probarlas. Todavía estoy con ella, pero no la veo muy a menudo, sólo en momentos especiales, en esas noches particulares cuando me quiere compartir con su compañero en turno. No es fácil ser lo que yo soy… un simple par de sábanas rojas de satín que guardan sus secretos más profundos y envuelven sus sueños
Déborah
Tourné
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